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Creo que llegamos a Koh Tao hace nueve días. Lo digo porque aquí es fácil perder la percepción del tiempo. Todos los días son jueves: Por la mañana buceamos; por la noche vamos de fiesta, aunque no mucho porque al día siguiente hay que volver a bucear. Llegamos tras seis horas de viaje en autobús desde Bangkok y hora y media en catamarán, con un mar tan nervioso como yo: Habrá cambiado mucho la isla? Quedara gente que me recuerde? Me recordaran?

Bailando con PopeyeAl llegar al muelle, la usual horda de captadores se abalanza sobre nosotros. Queréis bucear? Queréis taxi? Acostumbrados, procuramos no hacer contacto visual y avanzamos hacia adelante. Sin embargo, el buen carácter de las gentes de la Isla Tortuga pronto se hace evidente: Oigo a una mujer gritar “Yogi!” (es como se me conoce aquí; nadie puede pronunciar “Jorge”). Es la captadora de Scuba Shack, que me recuerda tras mas de año y medio. Nos consigue transporte gratuito. El conductor también me recuerda. Al llegar, los dueños me recuerdan; los camareros me recuerdan; los perros Popeye y Salut también me recuerdan y se abalanzan sobre mi. Son todo sonrisas, palmadas en la espalda y besos de perro.

Al atardecer vuelven los barcos cargados de submarinistas sonrientes y cansados tras las inmersiones. Con ellos vuelven Merlijn y Dirk, instructores en Scuba Shack y antiguos compañeros de inmersiones, fiestas y otras aventuras. Aparece en las mesas una provisión inacabable de cervezas y pronto nos ponemos al día: quien queda; quien se ha ido; quien ha venido. Hoy es un día de celebración doble: Yo acabo de llegar y uno de los dos divemaster se va mañana, así que si quiero, el trabajo es mio. La fiesta se prolonga hasta bien entrada la madrugada.

Buceando en Red RockScuba ShackBuceando en Red Rock

En estos nueve días nos hemos procurado de todo lo que nos hace falta: Una moto, un bungalow y una hamaca. Para mantener los mosquitos a raya tenemos un geco en la habitación y una arana peluda del tamaño de la palma de mi mano que vive en el cuarto de baño. Tras pegarnos un par de sustos importantes no ha vuelto a aparecer. Supongo que al fin y al cabo nosotros somos mas grandes e intimidantes que ella, aunque parezca lo contrario. Salut viene cada noche a saludarnos antes de irse a dormir, donde quiera que duerma. Parece que a los animales les gusta nuestro bungalow.

Mascota en el cuarto de banyoRelax

Durante el día el sol pega fuerte, aplastante, aunque al fin y al cabo es Febrero así que las noches son frescas. La transición entre el día y la noche viene anunciada por las cigarras. Misteriosamente sincronizadas, comienzan a cantar todas al unisono tan pronto como el sol se ha puesto, llenando las palmeras de un estruendo que ensordece la música de los bares de la playa. La luna nueva y la falta de continuación dejan ver la vía láctea en todo su esplendor, y si uno lo hace mientras pasea por la playa, va dejando una estela de plancton fosforescente en la arena. Estrellas por arriba y por debajo.

Anochecer en Chalok Baan KaoAnochecer en Sairee Beach

Por lo demás, poco ha cambiado en Koh Tao. Hay señales de trafico pero todavía no hay semáforos y de todas formas solo hay una carretera pavimentada. Han construido unos cuantos bungalows nuevos pero debido a la orografía de la isla aun no han llegado a echarla a perder. El principal crimen de la isla sigue siendo el robo de chanclas: Me robaron las mías a los pocos días de llegar y he ido descalzo desde entonces. No merece la pena comprar otras hasta que volvamos a la civilizacion. Un cambio importante es algo que ya note en Bangkok: La cantidad de españoles en la isla. En mi anterior visita conocí a dos españoles en cuatro meses. En el tiempo que llevamos aquí ya he conocido a dos grupos, dos instructores y he oído a mucha gente hablar español al pasar. Definitivamente no tendria que haber comenzado este blog.

[Creditos: Todas las fotos tomadas por Martine]

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